The Zero Theorem empieza con Oohen Leth, un brillante informático bastante peculiar, intentando convencer a su jefe de que le deje trabajar desde su casa, una antigua iglesia que se cae a pedazos. Una vez conseguido se pone a trabajar sobre un teorema que pretende dar respuestas a los grandes enigmas de la existencia.

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El último filme hasta la fecha de Terry Gilliam es una película algo confusa y tediosa con una estructura muy parecida a la de Brazil (eso sí es un peliculón). Pero a diferencia de ésta The Zero Theorem empieza a divagar haciendo que nos perdamos entre diálogos y sucesos que no parecen ir a ninguna parte. Un delirio por momentos divertido envuelto en escenarios barrocos hasta la lisergia. Eso si el filme es visualmente  imaginativo, con algunas escenas realamente sorprendentes como sus 5 primeros minutos o sus momentos con el personaje del “director”. Además el filme carga contra el comportamiento tiránico y asfixiante del mundo empresarial. Esto último junto con las interpretaciones y algunos diálogos lo más interesante de la función para quien escribe.

El arranque es prometedor pero poco a poco la película se estanca. Y es que se abren demasiadas puertas que luego no se cierran. Quizá debía ser esa manera tratándose de una búsqueda como la del protagonista por encontrar un sentido a la existencia. Y Gilliam sigue siendo Gilliam fiel a su estilo y a sus tics. Con lo qual nadie puede sentirse defraudado en ese aspecto. Yo no pude entrar en su universo esta vez a causa de la desorientación sufrida por lo antes comentado. Cosa que no me pasó ni con Brazil ni con Doce Monos o El Rey Pescador.

Con todo lo dicho a cualquier fan de Gilliam y de la fantasía le recomiendo The Zero Theorem pues sigue siendo un buen ejemplo de lo segundo y una repetición de estilo y esquemas del primero.

 

ROGER MONTFORT

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