Inside Llewyn Davis

 

Llewyn Davies es un cantante y guitarrista folk que trata de ganarse la vida con su música mientras la realidad que lo rodea se lo pone cada vez más difícil.

El último filme de los hermanos Coen es la odisea de un personaje capaz de poner en riesgo su existencia y toda posible relación con los demás para vivir de su arte. El espectador se va dando cuenta de ello por delante del propio protagonista que, más tarde que temprano, empezará a percatarse de su delicada situación.

A propósito de Llewyn Davies es un maravilla de principio a fin, una historia trágica con toques de comedia con un magistral y sorprendente desenlace. El filme es 100% Coen, inteligente, muy bien montado, buenos diálogos y actores magníficos. Hablando  de los actores esta vez sus personajes són más sobrios y menos caricaturescos que en Arizona Baby (1986, genial slapstick), Crueldad Intolerable (lo más flojo de estos autores para un servidor) o Quemar después de leer. Los hay muy reales,  algunos otros misteriosos y peligrosos, pero todos ellos impecables.

Uno de las marcas habituales de los Coen es hacernos creer que algunos personajes son simples o estúpidos para luego, demostrar que son más inteligentes que los protagonistas. Esta película contiene un buen número de estos personajes que se nos presentan de un modo y luego resultan ser de otro.

Que nadie se lleve a engaño A propósito de Llewyn Davies no es una comedia, tiene sus momentos graciosos si, algunos muy graciosos, pero no deja de ser un drama muy bien narrado que recorre unas cuantas miserias humanas. De hecho si algo es esta película es muy humana. Tanto por los anhelos del protagonista como las reacciones de quienes le rodean.

Los hermanos Coen consiguen meternos en escenas donde el protagonista demuestra un gran sentimiento con su música y acto seguido con un silencio o una línia de diálogo dar un vuelco a dicho sentimiento. La música (espectacular) en sí parece otro personaje que aparece para mostrarnos que realmente el tal Llewyn Davies es un tipo con mucho talento para el folk.

Una película sorprendente y brillante que eleva aún más la calidad de estos dos hermanos cineastas. Y habiendo debutado hace 30 años con la magistral Sangre Fácil (Blood Simple, 1984) era bastante difícil.

 

ROGER MONTFORT

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