La segunda parte de Los Mercenarios (The Expendables, Sylvester Stallone 2010) es un divertimento cafre de principio a fin. Acción, desenfreno, violencia, colegueo y guiños, muchos guiños.
El argumento del film cuenta como Barney Ross y sus compinches se ven obligados a recuperar una caja de un avión. La cosa se complicará con la aparición del personaje de Van Damme (como la mayoría del reparto no es que sea un actorazo pero se le agradece el esfuerzo haciendo de malo malísimo).
Los personajes no paran de cruzarse frases entre ellos para goce y disfrute de sus seguidores, que si volveré, que si yi-pi-ka-yé, incluso un chiste acerca de Chuck Norris (!), si si como los que corren por la red. Algo que cada espectador reconocerá en la medida que conozca la trayectoria de estos “dinosaurios”, digo actores. El film no se toma muy en serio a sí mismo (las apariciones de Lobo Solitario éntre otras cosas así lo demuestran). Y tampoco intenta dibujar demasiado a sus personajes. Sabemos que relación tienen entre ellos y eso basta para centrarse directamente en la acción. Personalmente agradezco que así sea. Como el resto del personajes el de Van Damme tampoco está excesivamente más trabajado por ser el malo. Más bien lo contrario. Es malísimo y punto, pero debo reconocer que no me importó en ningún momento.
Por el hecho de no tomarse a sí misma muy en serio y centrarse en la acción The Expendables 2 resulta mucho más inteligente de lo que puede parecer.
El film no defraudará a quien acuda al cine seducido por los nombres del cartel y aportará 100 minutos de diversión a quien busque desconectar.

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