Un grupo de amigas se reúne después de un trágico accidente. Su plan es pasar un buen fin de semana haciendo espeleología. Una vez en la cueva quedan atrapadas en el interior de la montaña a causa de un desprendimiento. Puede que no estén solas mientras buscan una salida.

Cuando vi esta película en 2005 acompañado de una chica casi tuve que salir del cine debido al mal rato que ella estaba pasando (yo soy todo un hombre y estas cosas no me afectan pero mentiría si no dijera que llevaba años sin experimentar tensión y miedo con una película). Se debió a la claustrofobia que The Descent transmite. Su mayor acierto, que no el único. Dicha sensación es inevitable cuando el 80% del filme transcurre en pasadizos angostos con la única iluminación que llevan encima los personajes:  luces en el casco, efímeras bengalas e improvisadas antorchas. A esto se le suma el desamparo que sufre el espectador ya que nunca sabes donde se encuentran las protagonistas. No hay lugares que podamos reconocer o asentarnos más de un minuto. Algo bastante inteligente y bien ejecutado por parte del director y guionista Neil Marshall. Además las protagonistas sólo cuentan con la llama de un mechero para ver de donde sopla el viento y dar así con la salida.

Los personajes (todos femeninos) me parecen bastante bien dibujados y són bastante guerreras, olvidaos aquí de niñas lloricas que se quedan en una esquina esperando su muerte. Además aquí no se trata “sólo” de personajes metidos en una mala situación de la que tienen que escapar. Sin destripar nada diré que los personajes tienen otros problemas a parte de los evidentes descritos en las primeras línias de este artículo.

El director sabe qué teclas tocar. Cuándo y cómo hacer aparecer ciertos personajes y atar bien los encuentros de las chicas. Con todo, lo mejor del filme es la claustrofobia y desamparo que nos produce.

The Descent tuvo suficiente éxito como para generar una secuela que no he visto pero que una vez leído el argumento y visto el tráiler no he tenido ganas de ver. A Marshall este filme le permitió entrar en los grandes presupuestos. Su siguiente filme fue Doomsday, esa mezcla de Mad Max 2 y 1997: Resacate en Nueva York con aroma inglés,  tan irregular como divertida. Después llegaría Centurión (Centurion 2010) y más recientemente el episodio Aguanegra (Blackwater) de la segunda temporada de Juego de Tronos.

Neil Marshall es un tipo interesante desde Dog Soldiers aunque me parecen mejor sus primeros trabajos que aquellos en los que goza de un holgado presupuesto. Dicho esto para un servidor The Descent es su mejor película.

 

ROGER

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