«El Blasco«, el primer largometraje documental de Nacho Sánchez, llega a las salas este próximo 4 de diciembre tras su estreno mundial el pasado mes de mayo en la 10.ª edición de Docs Valencia donde tuvo una gran acogida.
Rodado en Benetússer, El Blasco cuenta la historia de un grupo de vecinos de la zona que en octubre de 2024, cuando las lluvias torrenciales arrasaron el este de España dejando cientos de muertos y miles de desplazados, se unieron espontáneamente a las autoridades locales para transformar una escuela en uno de los principales centros de ayuda. Más allá de una catástrofe concreta, la película pone el foco en algo que trasciende ese contexto: la capacidad de las personas para organizarse, dejar de lado sus diferencias y trabajar por el bien común en situaciones límite.
En octubre de 2024, lluvias torrenciales arrasaron el este de España, dejando cientos de muertos y miles de desplazados. En el caos de aquellos primeros días, un grupo de vecinos de Benetússer se unió espontáneamente a las autoridades locales para transformar una escuela pública en uno de los principales centros de ayuda humanitaria de la región. Éste documental narra su historia. Nunca se consideraron héroes.
El director reconoce que el origen del proyecto nace de una incomodidad personal: «Yo vivo en el centro de Valencia y allí no pasó absolutamente nada. Apenas a un kilómetro, la situación era horrorosa. Esa distancia tan corta y, a la vez, tan insalvable, generó una impotencia enorme. Me dedico a la publicidad y viví con mucho rechazo el uso que se hizo de la catástrofe. Se culpa mucho a los políticos, pero creo que todos deberíamos haber hecho un ejercicio de autocrítica. Odiaba ver botas llenas de barro convertidas en contenido para redes sociales, mientras que personas que conozco habían perdido casas, familiares, negocios y llevaban casi veinte días viviendo sin agua, sin luz y sin ley, en condiciones propias del tercer mundo, mientras el resto observábamos el horror por televisión. Yo quería contar algo sobre lo ocurrido. No desde la tragedia explícita ni desde la guerra política, sino desde un lugar que obligara a mirarnos al espejo y preguntarnos qué hicimos realmente durante esos días.»











