Crítica:

Crush es un thriller de suspense que nos cuenta la historia de Scott, un joven de instituto americano y jugador de fútbol que vive con su padre en un barrio residencial. Eso ya sorprende del protagonista, trantándose el fútbol de un deporte menor en ese país. Considerado el mejor de su equipo y con grandes esperanzas para su futuro, en un partido ve como sus sueños se rompen al lesionarse una rodilla de gravedad. Aunque parece poder continuar, el daño se hará definitivamente evidente en una posterior escena bastante escalofriante gracuias a la inestimable ayuda del departamenteo de sonido. Es entonces, estando en su peor momento, cuando comienza a sufrir el acoso de una joven de su clase, Bess, obsesionada con él des de siempre. Bess es una tímida joven poco popular que parece vivir sola y que espía a Scott mientras sueña con gozar de su compañía algún día. Parece que para acercarse a su objetivo, no dudará en manipular y atacar a todo el que se interponga en su camino.

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Jeffrey es un amigo de Bess, a su vez obsesionado con ella mientras ésta alimenta su obsesión por Scott hasta límites cada vez más peligrosos. Bess siempre ha tenido serios problemas de autocontrol cuando se ha colgado de alguien (de ahí el título Crush), como se nos muestra en un brillante y sorprendente arranque de filme. A partir de ese buen arranque, el filme parece convertirse en quizás demasiado previsible, aún y aportando grandes dosis de tensión en escenas concretas que aunque fáciles en su mayoría, realmente consiguen violentarnos. La trama, como corresponde a toda obsesión enfermiza, va desbocándose poco a poco. Buen reflejo del sentimiento de no correspondencia, incomprensión y frustración adolescente que producen estos cuelgues tan habituales a esas edades, evidentemente llevados en este caso al extremo para beneficio de la trama y el suspense. El filme, que parece a priori estar destinado a emitirse por televisión un domingo por la tarde, goza de algún giro argumental inesperado que lo hacen destacable.

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Destaca en el filme la presencia del amigo mencionado, Jeffrey, cuyo intéprete no es otro que Reid Ewing, el conocido y peculiar novio de Haley Dunphy en la serie de comedia Modern Family, que en Crush realiza un interesando papel siendo el acosador que acosa a la acosadora protagonista, aunque no consigue escapar en ningún momento a parecer estar interpretando al mismo personaje al que nos tiene acostumbrados en televisión. Precisamente el juego de “crushes” que nos ofrece el filme más allá del de la siniestra protagonista es lo que consigue dar un poco de interés a la historia, por otro lado, como dicho, los giros de la trama son lo que aguanta el filme. En cuanto a la actuación de los dos protagonistas, Crystal Reed hace un buen papel como la protagonista Bess, con un personaje que evoluciona progresivamente al ritmo de la trama. Y por su parte, Lucas Till, protagonista masculino, pasa bastante desapercibido interpretando a este típico chico popular americano tan guaperas como aburridamente natural y transparente.

Dirigida por Malik Bader, y segundo largometraje de éste, el filme llega a convertirse en un homenaje a Misery (1990) en momentos, mientras nos cuenta esta historia de eternas infelicidades sentimentales y obsesiones mitificadas, así como de traumas superados. Si os apetece un thriller aceptable con giros de guión de temática adolescente con consecuencias adultas, pero que nos muestra que el amor prevalece sin caer en exceso en lo empalagoso, ésta es vuestra película.

JORDI CIERCO

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Imágenes:


 

Tráiler:

 

Ficha técnica:
DIRECTOR: Malik Bader
GUIÓN: Sonny Mallhi
MÚSICA: Julian Boyd
FOTOGRAFIA: Scott Kevan
MONTAJE: Jeff Canavan
VESTUARIO: Maya Lieberman
REPARTO: Crystal Reed, Sarah Bolger, Lucas Till. Holt McCallany, Isaiah Mustafa, Michael Landes, Caitriona Balfe, Leigh Whannell, Camille Guaty
DISEÑO DE PRODUCCIÓN: Kara Lindstrom
ESTRENO EN USA: 9 de Abril 2013